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La resistencia, único antídoto contra la barbarie imperialista

Ali Yaghoubi (aliyaghoubi.1) / Unsplash

Un balance político-militar de la Operación Promesa Verdadera IV

Por Ángel García

La resistencia en la región no se rendirá.

El enemigo sabe que, si nos ataca una vez, recibirá diez golpes a cambio.

Ali Hosseini Khamenei (1939–2026)

Todos los enemigos se pueden vencer.

Fidel Castro (1926–2016)

El 5 de mayo del 2026 Estados Unidos anunció el fin de la Operación Furia Épica. Solo quedaría en su lugar la operación «Proyecto Libertad», cuya misión era proveer escolta militar a los buques comerciales atrapados en el Estrecho de Ormuz. Luego, a pocas horas del fin de la Operación Furia Épica, Trump afirmó que «Proyecto Libertad» también quedaba suspendida, apenas 48 horas después de su lanzamiento. ¿Significa esto el fin de la guerra o simplemente una pausa para reorganizar la nueva ofensiva con un rediseño estratégico?

Es muy pronto para saberlo, pues la niebla de la guerra es aún demasiado espesa y solo se puede especular. Sin embargo, esta es una clara admisión de que la estrategia imperialista fracasó en alcanzar sus objetivos. Los Estados Unidos e Israel subestimaron la capacidad de resistencia del gobierno y el pueblo iraníes; y confirmaron su incapacidad para adaptarse a la guerra asimétrica que la nación persa les impuso.

Para un imperio en declive, capaz de acudir a la barbarie más atroz para sostener su hegemonía, cualquier país independiente y autosuficiente es un enemigo. Cualquier nación que resista las exigencias del imperio que busca la supremacía absoluta debe ser subyugada.

La Operación Promesa Verdadera IV demostró la audacia y la osadía, la valentía y el ejercicio de la paciencia estratégica que han caracterizado a la nación persa, y nos ofrece valiosos aprendizajes para los pueblos dispuestos a enfrentar la barbarie imperialista. La principal lección se resume en lo planteado por el Che Guevara en Punta del Este (1961) de que es posible «plantarse frente al monstruo invencible, esperar el ataque del monstruo y derrotarlo también».

Lo que sigue es una breve descripción de la estrategia, tácticas y la doctrina que aplicó la Revolución Islámica en los primeros dos meses de guerra contra el «monstruo invencible» Estados Unidos-Israel.

El asalto del 28 de febrero

Los desarrollos de la guerra imperialista contra Irán y el Eje de la Resistencia parecían tener el potencial de reconfigurar el poder en la región, al intentar una nueva ecuación en la disuasión estratégica del bloque imperialista-sionista contra el Eje de la Resistencia.

El 28 de febrero los Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque sorpresa contra Irán llamado Operación Furia Épica. Hubo bombardeos en más de 20 provincias iraníes, incluyendo Teherán. En pocos días provocaron cientos de víctimas, entre ellas el líder supremo iraní, Ali Khamenei; Ali Larijani, presidente del Parlamento y jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional; y al menos otros 10 miembros del alto mando militar y de Inteligencia. A ello sumemos el horrendo asesinato de 170 niñas de la escuela primaria Minhap.

La República Islámica respondió con la Operación Promesa Verdadera IV.[1] Desde su inicio y hasta el 16 de abril, cuando comenzó el mal llamado «cese del fuego», Irán lanzó más de 100 oleadas de misiles y drones contra objetivos militares y de Inteligencia israelíes, como la Unidad 8200 y las bases aéreas Nevatim y Tel Nof, ubicadas en el desierto Negev. Estas bases además albergan los cazas F-35 y F-15. Igualmente, fueron atacados objetivos estadounidenses como las bases militares y aéreas ubicadas en distintos países del Golfo: Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar y Bahréin. La operación no se limitó a objetivos militares; atacó objetivos energéticos, refinerías y campos de gas en Catar, Arabia Saudí y Kuwait. Asimismo, fueron objeto de bombardeos las multinacionales de las tecno-oligarquías como Google, Amazon, Apple, Tesla, Oracle y Nvidia.

El imperio había pensado su plan como una operación rápida; similar a lo ocurrido en Venezuela. Aplicó la doctrina de «choque y pavor», con el asesinato del líder supremo Khamenei, pero no produjo el resultado esperado. El 28 de abril se cumplieron dos meses y falta mucho para el desenlace final de esta guerra. Estados Unidos no tenía en sus cálculos un conflicto prolongado, pues el diseño era para una acción relámpago, que produjera un cambio de régimen en tres o cinco días. Irán sabía que los Estados Unidos carecen de la capacidad industrial para sostener una guerra prolongada, y por ello les aumentó el costo de la guerra a un grado inaceptable.

Los casi dos meses de enfrentamiento con Irán han provocado un rápido agotamiento de las reservas de municiones y misiles de precisión, y el ritmo de consumo ha superado la capacidad de producción industrial. Por ejemplo, se han lanzado más de 1000 misiles de crucero Tomahawk, reduciendo las reservas nacionales en aproximadamente un tercio, y ha utilizado más del 45 % de sus reservas de misiles de precisión.[2] Se necesitan años para reponer el arsenal, y se estima que reemplazar los sistemas actuales tomará de cuatro a cinco años.

El canciller alemán, Friedrich Merza, afirmó que «la guerra contra Irán ha agotado tanto los arsenales estadounidenses de misiles que Washington ya no puede cumplir su promesa de desplegar Tomahawks en Alemania. Estados Unidos ha utilizado más de 850 misiles de crucero Tomahawk en el conflicto con Irán, aproximadamente nueve veces la tasa media anual de adquisiciones del Pentágono».

El «choque y pavor» no ha sido capaz de doblegar la resistencia estratégica iraní, ni de fracturar a su gobierno ni a su pueblo, pues llevan preparándose para esta guerra más de 20 años desde la invasión imperialista de Irak de 2003. Irán tiene profundidad estratégica, la capacidad de absorber un enorme castigo a su infraestructura crítica, universidades y hospitales, y de soportar el inmenso sacrificio humano. Son cosas que Israel no tiene.

El diseño persa de guerra asimétrica

Irán estudió muy bien la invasión de Irak en 2003, cuando los Estados Unidos bombardearon Bagdad incesantemente durante 21 días. En aquel momento, la República Islámica tuvo plena conciencia de que nunca podría igualar el poder aéreo enemigo. La ruta persa para establecer dominación de los cielos no era construir una fuerza aérea equivalente a la imperialista — desde una lógica simétrica—, sino una forma más económica y efectiva de negarle al enemigo la dominación de los aires iraníes.

La solución que diseñaron fue producir una reserva de decenas de miles de misiles balísticos de corto y mediano alcance, además de drones, todos a un costo relativamente bajo. Esto lo hizo Irán durante más de dos décadas. Las acciones de Irán en el Golfo Pérsico siguen un patrón claro, no una escalada aleatoria. Los ataques de Teherán están pensados para aumentar el costo de la guerra para todos los implicados, incluyendo las monarquías del Golfo, aliados de los Estados Unidos, que albergan sus bases militares y prestan apoyo logístico para sus operaciones. En lugar de limitar el enfrentamiento a un choque directo contra los Estados Unidos, Irán estaba decidido a extender el conflicto.

La capacidad de provocar una crisis económica mundial al cerrar el Estrecho de Ormuz y afectar la producción de gas y petróleo de los países del Golfo, demostró que Irán podía proyectar una disuasión estratégica sin necesidad de acudir a armas nucleares. Ha sido la aplicación de una nueva doctrina de guerra asimétrica lo que les ha permitido mantenerse firmes ante el asalto combinado de los Estados Unidos e Israel (con el apoyo logístico de los países del Golfo y Gran Bretaña).

Sumado a lo anterior, está la capacidad de Irán de sobrevivir a las decapitaciones de su alto mando político, militar y de Inteligencia, sin perder habilidad operacional. La Doctrina Mosaico de Irán — es decir, la defensa en mosaico descentralizada— divide al país en 31 mandos provinciales autónomos, diseñados para resistir ataques masivos sin depender de Teherán. Esta doctrina le proporcionó resiliencia a Irán. Cada unidad puede operar, lanzar misiles/drones y dirigir tropas de forma independiente si el mando central es decapitado, tal como sucedió el 28 de febrero.

La estrategia de guerra de Irán

El enfoque global persa parece estar guiado por tres objetivos:

1) El primero es la internacionalización del campo de batalla. Al atacar activos e infraestructuras estadounidenses en todo el Golfo, y cerrar el Estrecho de Ormuz, Irán convierte un conflicto bilateral en una crisis regional de mayor alcance. El cierre del Estrecho de Ormuz eliminó 10 millones de barriles al día del mercado global y los precios se dispararon en todas partes.

Los centros económicos y las infraestructuras energéticas — el motor de la prosperidad del Golfo— se convirtieron en parte de la ecuación estratégica. El Golfo no seguirá siendo una retaguardia imperialista, mientras Irán siga siendo capaz de absorber los ataques en su territorio.

2) El segundo objetivo ha sido ejercer presión sobre la propia presencia militar estadounidense. Las autoridades iraníes han subrayado en repetidas ocasiones que sus ataques se dirigieron contra los intereses norteamericanos, y no contra los gobiernos del Golfo. Teherán ha presentado sus operaciones como una represalia contra Washington, y no como una guerra contra los Estados vecinos. De hecho, Irán manda el mensaje a las monarquías del Golfo que la presencia militar estadounidense es la verdadera fuente de peligro.

Más del 80 % de las bases yanquis ubicadas en países de la región como Catar, EAU, Bahréin, Kuwait, Jordania y Arabia Saudita, han sido afectadas. Muchas fueron reducidas a la inoperancia total. Pero más importante aún es que se acaba de establecer un precedente: ya se conoce cuál es el alto de costo de ser el anfitrión de una base yanqui en el Oriente Medio. En total, 13 de las 19 bases militares estadounidenses en la región han sido destruidas o han quedado inutilizables. Esto supondrá decenas de miles de millones de dólares y años para su reconstrucción.

3) El tercer objetivo ha sido ejercer presión política sobre los líderes del Golfo. Los ataques iraníes plantean un difícil dilema a los gobiernos de la región. Deben decidir si protegen su asociación estratégica con Washington o dan prioridad a la seguridad inmediata de su propio territorio, lo cual presiona por un nuevo pacto de seguridad regional.

Cuanto más se sienten amenazadas las economías del Golfo — desde el centro financiero y turístico de Dubái hasta las exportaciones de gas natural licuado (GNL) de Catar o la infraestructura energética de Arabia Saudita—, mayor es el incentivo para impulsar una distensión. En este sentido, la campaña de Irán no es solo militar.

La lógica es clara. Al enfrentarse a un poder convencional superior, Irán no intenta ganar mediante una confrontación directa, sino que amplía el conflicto geográfica y económicamente, para que los costos para sus oponentes crezcan más rápido que los beneficios. El resultado de esta estrategia es que ninguno de los objetivos declarados de los Estados Unidos ha sido alcanzado.

Estos objetivos estadounidenses son:

1) Que Irán abandone sus capacidades de enriquecimiento de uranio;

2) Destruir las inmensas reservas de misiles balísticos de Irán;

3) Que Irán no apoye más al Eje de la Resistencia (la resistencia Palestina, Hezbollah en Líbano, Ansarrallah en Yemen y las milicias chiitas en Irak); y

4) Conseguir un cambio de régimen en Irán.

Al no cumplirse los objetivos, podemos pensar en una derrota estratégica del imperialismo.

El imperialismo, que se propuso lograr un cambio de régimen en menos de una semana, fue obligado a ir a la mesa de negociaciones en Islamabad, Paquistán, y aceptar un cese de fuego, que finalmente incluyó al Líbano. Pese a la postura de Israel y los Estados Unidos de excluir a Líbano de la agenda de negociaciones.

Como era de esperarse, el cese fue violado por parte de los EE. UU. e Israel desde el primer día del acuerdo (16 de abril). Se constató, una vez más, que todo cese del fuego — desde la perspectiva de un poder hegemónico— no es más que una táctica de desgaste diseñada para ganar tiempo, reorganizar fuerzas y relanzar la ofensiva. Afortunadamente, Irán tiene claridad total sobre esto.

En un intento de dominar la escalada,[3] y precisamente en el marco de las negociaciones, el imperialismo inició el bloqueo naval del Estrecho de Ormuz, con el objetivo de impedir que cualquier buque destinado a Irán llegase a su destino. Pese al bloqueo naval yanqui, se estima que más de 10.7 millones de barriles de crudo iraní pasaron por el estrecho entre el 13 y el 21 de abril. Es decir, ni con el bloqueo naval los Estados Unidos lograron ejercer la disuasión estratégica.

En un segundo intento de dominar la escalada en el teatro de guerra, Estados Unidos anunció a inicios de mayo de 2026 el «Proyecto Libertad», una especie de cambio de imagen (rebranding) de la Operación Furia Épica. Se trata de una operación militar para escoltar buques comerciales atrapados en el Estrecho de Ormuz por el bloqueo de Irán. Esta acción constituye una clara violación del cese de fuego, caracterizada, a manera de camuflaje, como «acción humanitaria» por los Estados Unidos. Involucra a unos 15 000 militares y 100 aeronaves para asegurar el paso por el estrecho, una provocación que busca reiniciar la guerra. Frente a este escenario la revolución islámica tuvo que responder.

El 5 de mayo Irán disparó andanadas de misiles cruceros contra dos fragatas norteamericanas que intentaron cruzar por el estrecho, además de un buque carguero que realizó el mismo procedimiento.

El día anterior, drones suicidas iraníes impactaron la terminal de Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos, uno de los centros de almacenamiento y abastecimiento de petróleo más importantes del mundo. Esta terminal petrolera, ubicada en la costa del Golfo de Omán, permitiría que las exportaciones de petróleo eludieran el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz y llegaran directamente al Océano Índico. Con el ataque a Fujairah Irán logró dos objetivos: eliminar la posibilidad de una alternativa al Estrecho de Ormuz y, más importante aún, recordarles a las monarquías del Golfo el alto costo que implica aliarse con el dúo Estados Unidos-Israel. Inmediatamente después, Arabia Saudita le niega a los Estados Unidos el uso de su espacio aéreo, un elemento imprescindible para la ejecución del «Proyecto Libertad».

Fue entonces cuando EE. UU. anunció el fin de la Operación Furia Épica y puso en pausa el «Proyecto Libertad». El nuevo intento de escalada imperialista naufragó.

La trampa de la escalada

El politólogo Robert Pape de la Universidad de Chicago habla de la «trampa de la escalada».[4] Se refiere a que los supuestos «éxitos» iniciales de un bombardeo táctico surten el efecto contrario al generar un mayor empantanamiento de quienes detentan el «dominio aéreo».

Robert Pape habla de un éxito táctico y un fracaso estratégico: una visible destrucción que fracasa en fracturar la voluntad del gobierno y eliminar sus principales capacidades (depósitos de enriquecimiento de uranio).

Se suma a lo anterior la escalada horizontal (ya mencionada más arriba) que ha impuesto Irán (el lado más débil de la guerra), donde expande el conflicto en amplitud/duración. Esto multiplica la exposición del lado más fuerte. Aunque el imperialismo intensifica sus esfuerzos, no consigue sus objetivos estratégicos.

Robert Pape alertó que, antes y durante la decapitación del liderazgo persa, además de los bombardeos de alta precisión, se catalizó la «trampa de la escalada», cuando Irán demostró su resiliencia. Expandió la batalla a varios países, a los mercados mundiales y la energía global; a la larga, esto favoreció a Irán.

En conjunto, estas presiones apuntan a dos posibles trayectorias para la guerra.

1) Una guerra limitada y de contención: En el primer escenario, el conflicto sigue siendo brutal, pero se mantiene contenido. Los ataques militares continúan, pero el Golfo no se convierte en un campo de batalla a gran escala. Irán evita acciones que obliguen a los gobiernos del Golfo a tomar represalias directas. Los Estados del Golfo mantienen su estrategia actual de condena, coordinación defensiva y advertencias a Teherán.

2) La expansión de la guerra regional: Este segundo escenario es mucho más sombrío. En esta trayectoria, la lógica de la escalada se sigue imponiendo. Un ataque poderoso a una ciudad del Golfo, con muchas víctimas civiles, que devasta la infraestructura energética. Igualmente, si aparecen pruebas de que el territorio del Golfo se utilizó para operaciones ofensivas contra Irán eso desencadenaría represalias directas.

Los gobiernos del Golfo podrían llegar a la conclusión de que es preferible una respuesta militar limitada a absorber repetidos ataques sin consecuencias. Los mercados energéticos se enfrentarían a graves perturbaciones.

El estrecho de Ormuz podría quedar prácticamente inutilizable durante largos periodos. Desaparecerían los seguros contra riesgos de guerra. Las rutas marítimas se modificarían drásticamente.

Un escenario así conllevaría a cambios estructurales en los mercados energéticos mundiales, donde los importadores asiáticos se apresurarían a buscar proveedores alternativos.

Además, en un escenario de escalamiento regional Irán podría lanzar represalias contra el Puerto Yanbu del Mar Rojo (Arabia Saudita), el Terminal Fujiarah (Emiratos Árabes Unidos) y cerrar la entrada del Mar Rojo, el Estrecho Baba Al-Mandeb.

En esta guerra imperialista contra Irán, igual que como sucedió en la guerra contra Vietnam, se constata un viejo principio: la autopercibida superioridad de un imperio siempre conlleva a la soberbia y la arrogancia, que a su vez lleva a subestimar a un enemigo al que consideran inferior. En la guerra asimétrica ser subestimado se torna en una inmensa ventaja, porque garantiza el elemento de la sorpresa.

Scott Ritter, exoficial de Inteligencia de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, ha dicho que «la guerra contra Irán ha destrozado la ilusión de la supremacía militar estadounidense y el orden que esta sustentaba. Esto no es un revés, sino el principio del fin del imperio liderado por Estados Unidos».[5] Puede que así sea, puede que no. Pero lo cierto es que, ante cualquier posible escenario futuro, queda claro que la hegemonía que Occidente ha gozado en Asia Occidental, y, en particular, en el Golfo Pérsico — desde el fin de la Primera Guerra Mundial—, después de esto, nunca será como antes.

Tristemente, no podemos decir lo mismo sobre Nuestra América luego del asalto a Venezuela del 3 de enero, donde la hegemonía imperialista logró reafirmarse. Pero Irán no es Venezuela.

Irán y el Eje de la Resistencia han consagrado un principio vital para la humanidad en esta fase de barbarie imperial: solo hay dos opciones, rendición o resistencia.

Notas:

[1] Esta Operación Promesa Verdadera es la cuarta en la secuencia de represalias iraníes ante los ataques de Israel desde abril de 2024. Operación Promesa Verdadera I ocurrió en abril de 2024, y fue la primera acción directa de Irán contra Israel desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, como represalia por el ataque al consulado iraní en Siria. En octubre de 2024 se lanzó la Operación Promesa Verdadera II, en respuesta al asesinato por parte de Israel del líder de Hamás, Ismail Haniyeh, en suelo iraní, y los asesinatos del líder de Hezbollah Hassán Nasrallá y del general iraní Abbas Nilforoushan. La Operación Promesa Verdadera III, mejor conocida como «La Guerra de los Doce Días», fue la respuesta a los bombardeos conjuntos de los Estados Unidos e Israel contra estaciones nucleares, objetivos militares e infraestructura civil.

[2] «La guerra de Irán ha agotado los suministros estadounidenses de armas críticas y costosas», https://www.nytimes.com/2026/04/23/us/politics/iran-war-cost-military.html

[3] En la lógica militar, la dominación de la escalada militar se refiere a la capacidad de un actor para controlar la intensidad de un conflicto, asegurando su habilidad de aumentar o disminuir las acciones bélicas para obtener ventaja estratégica.

[4] Robert Pape, «The Escalation Trap», https://escalationtrap.substack.com/

[5] «Exoficial de Inteligencia de EE. UU.: La guerra de Irán está poniendo fin al imperio», https://observatoriocrisis.com/2026/05/01/ex-oficial-de-inteligencia-de-eeuu-la-guerra-de-iran-esta-poniendo-fin-al-imperio/

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Etiquetas: , , , , , Last modified: 25 septiembre, 2026
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