Entrevista al historiador cubano Frank Josué Solar Cabrales
Por Jon Hidalgo Gereñu
La Tizzaagradece a Jon Hidalgo por habernos facilitado y traducido la versión ampliada y en español de la entrevista que originalmente publicó Argia en euskera el 27 de diciembre del 2025.
“Kubak kapitalismoan izango lukeen patua Haitirena da, indarkeria eta pobrezia krisi etengabean”
Cuba se encuentra en una situación compleja. Bloqueo endurecido, economía muy débil y altas tasas migratorias. Sin embargo, muchos siguen buscando soluciones colectivas, porque Cuba tendría un destino peor en el capitalismo. Uno de ellos es Frank Josué Solar Cabrales, historiador y profesor universitario.
En la Universidad de Oriente, Frank imparte Historia de Cuba e Historia de la Revolución cubana. Además, es presidente de la Cátedra Fidel Castro. Ha hecho varias investigaciones sobre la revolución; en especial sobre la época insurreccional. Este verano de 2025 hemos estado charlando en su casa de Santiago de Cuba para intentar entender la actualidad de la revolución.
¿Cómo describirías la situación actual? Mucha gente habla de la Covid como punto de inflexión para lo malo.
Han sido muchas las razones que han llevado a ese punto de inflexión en los últimos años. Podría ser la Covid, pero tiene mucha importancia el primer mandato de Donald Trump; ahí se dio un cambio de táctica con respecto a Cuba. Obama tenía el mismo objetivo, destruir la Revolución cubana, pero cambió la forma, a través del comercio, con las relaciones comerciales. Trump vino y cortó; retomó la política de máxima presión y la llevó más allá. Activó los puntos más duros de la legislación del bloqueo, no aplicados hasta entonces. Las empresas internacionales que hacen negocios con Cuba comenzaron a ser juzgadas e incluso se endurecieron otras 245 medidas contra Cuba. Medidas quirúrgicas, además, específicamente generadas para afectar a los principales ingresos, el turismo, el suministro de petróleo y la colaboración médica. Joe Biden mantuvo la misma política que Trump, y eso se unió a la Covid. Mira, en medio de la pandemia se nos rompió la fábrica de producción de oxígeno para la medicina, que era cuestión de vida o muerte. Entonces le pedimos a los Estados Unidos que flexibilizaran ese ámbito del bloqueo para poder acceder a oxígeno y repuestos. Nos dijeron que no. El objetivo es ahogar por completo a Cuba.
¿Y qué consecuencias ha tenido eso en Cuba?
Tiene una gran influencia en la vida de los cubanos. Obstaculiza los servicios básicos, el agua, la electricidad, incluso la alimentación. Ha afectado a muchas de las principales conquistas de la revolución, la salud, la educación, la cultura, el deporte… todo está dañado. Sin embargo, en medio de la Covid-19 fuimos capaces de hacer cinco vacunas, demostramos que cuando hay voluntad política se pueden hacer las cosas, con pocos recursos, en beneficio de la mayoría. Pero sí, las carencias materiales influyen mucho en el día a día. Hemos tenido grandes apagones, en algunos días sólo hemos tenido luz durante tres horas; a veces han durado más de un día, eso sólo en casos extremos. Con los apagones, además de su impacto en las vidas de la gente, se detiene la economía del país.
Mucha gente se compara con Miami en lugar de con República Dominicana o Haití. ¿Por qué?
Ha habido mucha migración en los últimos años, sobre todo desde la Covid-19, y sobre todo de gente joven. Eso influye mucho, en la economía, claro, pero también en lo ideológico. Muchos jóvenes no ven posibilidades de mejorar su situación material a medio plazo y ven la migración como la única opción. Además, normalmente son de alto nivel de estudios. La mayoría se va a los Estados Unidos, pero no sólo por cercanía o porque tienen familia allí. La emigración a los Estados Unidos ha sido manipulada políticamente desde allí como medida de presión contra Cuba. Los migrantes cubanos reciben un tratamiento especial en los Estados Unidos, llegan y te dan directamente un permiso de residencia, un permiso de trabajo… solo a los cubanos. Siempre lo decimos, si tuvieran políticas similares con México o Centroamérica, esos países quedarían vacíos, mucha gente se iría. Pero la estrategia es esa, ahogar a Cuba, hacer la vida imposible, y después decir que es un desastre, que el comunismo no vale, que solo trae pobreza. Echan toda la culpa a las autoridades cubanas diciendo que el bloqueo no existe y que el capitalismo resolvería todos los problemas.
Desde la Revolución cubana ha habido muchos logros sociales, sobre todo si se compara con los países del Tercer Mundo. ¿Cómo están ahora?
Los hay, pero han empeorado materialmente. Se mantienen, pero con heridas. La gente todavía los ve como una conquista, como un logro a defender, pero la crisis los ha afectado mucho. Claro que el destino de Cuba en el capitalismo es ese, el de Haití, en permanente crisis de violencia y pobreza; o el de Puerto Rico, que aún no se ha recuperado de los daños causados por los huracanes, aunque forman parte de los Estados Unidos, sin bloqueo ni nada. Creo que la mayoría de la gente comprende aún la importancia de las conquistas de la revolución y cuáles son las verdaderas razones para estar en la situación en que nos encontramos.
Ante la falta de suministros y divisas, el Estado autorizó en 2021 la creación de micros, pequeñas y medianas empresas privadas, a las que se denomina Mipymes. Pasados los primeros años, ¿qué consecuencias ha tenido, tanto a nivel económico como ideológico?
Consecuencias duras. Para entender eso hay que retroceder al Periodo Especial, a los años tras la caída de la URSS. Decía entonces Fidel, en medio de la crisis, que para poder afrontarla tendríamos que tomar una serie de medidas económicas; no las que nos gustarían, pero que eran medidas de emergencia, inevitables. No obstante, advirtió de que acarrearían «desequilibrios sociales». Anunció que con la expansión del turismo, con la despenalización del dólar volverían algunas cosas erradicadas durante años, como la corrupción. Ahora, con estas últimas medidas se ha profundizado aún más en esas reformas, pero sin hacer pedagogía para tener cuidado. Seguimos aislados y bajo bloqueo, y se ha pensado que una mayor apertura de la economía de mercado permitirá recuperar la economía del país sin perder los logros sociales que hemos tenido hasta ahora. Se han permitido pequeñas empresas, ha aumentado la inversión extranjera, y claro, como en anteriores ocasiones, eso ha aumentado las brechas sociales, ha supuesto más desequilibrios.
¿Qué consecuencias esperaban tener?
Cuando entraban las Mipymes se pensaba que iban a hacer trabajos de producción, que iban a sustituir en parte a las importaciones, pero se ha visto que lo único que hacen la mayoría de las Mipymes es la compraventa, comprar fuera y vender allí. El bloqueo pone límites a las empresas del Estado, pero es flexible con el sector privado. Ellos pueden importar lo que sea. Y ha supuesto un desequilibrio, claro; vemos que hay un grupo de gente que está acumulando mucho dinero, comprando casas de lujo y carros. Y por el otro lado, ha reaparecido la gente que vive en la calle. En Cuba no lo ha habido durante décadas, pero ahora se ven mendigos en la calle. Además, los precios en las Mipymes no se corresponden con los salarios de aquí. Con el salario mínimo no se puede comprar allí, y en la práctica son ellos los que hoy están alimentando a la población.
En las tiendas del Estado no hay muchas cosas.
No, no están equipadas para nada. En la moneda local no hay oferta del Estado y el sector privado la está ofreciendo, ¡pero a qué precio! Ningún trabajador del Estado puede sobrevivir a los precios de las Mipymes. Un huevo cuesta 150 pesos, más caro que en el País Vasco seguro. Por otra parte, hay una gran necesidad de divisas internacionales en el país, que no están entrando para nada, y se han endurecido las vías de envío de dinero a Cuba. Por primera vez la mafia contrarrevolucionaria estadounidense tiene presencia directa en el gobierno de los Estados Unidos. Marcos Rubio, que actualmente es secretario de Estado, es el representante de la mafia anticubana y para él es una cuestión personal endurecer las políticas contra Cuba. Quiere destruir la revolución y le da igual que en el camino se dañen las vidas de los ciudadanos. Es de esperar que en este segundo mandato de Trump repitan las políticas contra nosotros.
Los miembros de La Tizza habéis sido críticos con el gobierno desde una perspectiva revolucionaria. ¿Cuál es vuestra lectura?
Yo creo que a la revolución la perjudica más la obediencia acrítica, la pasividad, el aceptar las cosas por inercia. Sería mucho mejor, y más útil para la revolución, tener una militancia activa, crítica, que conlleva propuestas. A partir de ese punto nos reunimos nosotros. En Cuba estamos muchos jóvenes comprometidos con el socialismo como ideal y alternativa, pero somos críticos con algunas direcciones adoptadas por el gobierno, con algunas políticas. Nuestra misión, la nuestra y la de todos, es concienciar de los riesgos que puede haber en ese camino para construir entre todos la obra colectiva del socialismo. No hay recetas escritas.
¿Cómo se puede ser crítico con el gobierno cubano sin ayudar a las posiciones contrarrevolucionarias?
Es preciso saber cuál es nuestra trinchera, y cuál es el enemigo principal: los Estados Unidos, el imperialismo. Decía un importante intelectual cubano que nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera, lo que conlleva riesgos de uno u otro tipo: tener demasiados parlamentos o tener demasiadas trincheras. El reto es buscar ese equilibrio porque de lo contrario nos sucederá como en la Unión Soviética, que de arriba vendrá la restauración del capitalismo sin resistencia desde la base.
Desde esa perspectiva, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta Cuba? No será fácil estar en el lugar de Díaz-Canel.
En primer lugar, darse cuenta de que la labor del gobierno en este momento no es nada sencilla y que es muy fácil criticarla desde fuera. En esta situación tienen que llevar la economía día a día, cuánto dinero ha entrado hoy, cuánto puedo gastar, porque hay barcos en el puerto y no hay dinero para pagar. Es difícil pensar en cuestiones estratégicas cuando sobrevives en condiciones difíciles, cuando casi la mitad del país está apagado. Pero, dicho esto, creo que el principal riesgo proviene de medidas que abren más posibilidades al mercado si no se afrontan las consecuencias que pueden tener. Esas políticas pueden ser necesarias a veces, quizá incluso inevitables, pero deben hacerse desde la movilización consciente. Es difícil pedir a la gente movilización en épocas de escasez, pero ese es el único antídoto. No pensar que la economía se va a resolver con soluciones individuales, sino buscar soluciones colectivas, con la participación de los trabajadores. Los riesgos están ahí, la profundización en las políticas de mercado conduce a la corrupción, a la falta de igualdad, y van degradando los valores del socialismo que hemos construido durante tantos años. Eso es lo que nosotros hemos criticado, como en su día criticó el Che a la Unión Soviética, haber pensado que se podían utilizar las reformas capitalistas de mercado y mantenerlas bajo control sin dañar los valores. Si produces de forma capitalista eso influye en la ideología, en las relaciones sociales y el dinero condiciona cada vez más la vida, en lugar de guiarse por méritos o valores sociales.
Cuba ha sido aceptada este año como socia de los BRICS. ¿Genera esperanza el mundo multipolar? ¿Qué lugar tendría Cuba ahí?
Sin duda, la mayor esperanza de Cuba son hoy los BRICS. También otras asociaciones económicas, como la Unión Económica de Eurasia. Sin embargo, los BRICS no son un grupo homogéneo ni son aliados ideológicos como en los tiempos de la URSS. Otra cosa es esto. Pero la hegemonía yanqui de un solo polo está en decadencia cada vez más y el mundo multipolar nos ofrece nuevas oportunidades económicas. El gobierno cubano ha comenzado, por ejemplo, a convertir la zona de Mariel en un centro de comercio internacional, un puente entre las economías de Eurasia y América Latina. Ha dado algunos avances en ello. Yo creo que la solución de Cuba viene de ahí, a ver qué relaciones económicas podemos desarrollar, sobre todo con Rusia y China, y aquí en la zona con Brasil. Sin embargo, eso sólo es una medida inmediata; realmente la mejor opción sería emprender procesos revolucionarios radicales en los otros países. No es tan inverosímil, en este mundo cambiante, teniendo en cuenta que la crisis del capitalismo se profundiza. Al fin y al cabo, tener relaciones económicas con los BRICS es puro comercio y con las economías capitalistas. Lo mejor sería romper el aislamiento de Cuba como país socialista.
¿Qué es para usted la Revolución cubana?
Nuestra generación es quizá la última que ha vivido la bonanza económica de la revolución, en los años ochenta. Y esa prosperidad era para todos, esa es la diferencia del socialismo. Cualquier empleado tenía a su disposición muchas cosas, podía irse de vacaciones a los hoteles más importantes de Cuba o viajar por toda la isla, y por poco dinero. Había grandes niveles de vida y garantías materiales muy importantes. A nosotros nos cogió a los diez años el inicio del Periodo Especial. Las generaciones que han venido después, nuestros niños y niñas, han vivido desde el nacimiento el periodo de crisis, las carencias materiales, y eso afecta mucho. Para nosotros fue diferente, Fidel vivo, además, y en generaciones anteriores aún más.
¿Cómo ha cambiado la revolución a la sociedad cubana?
En el caso de mis padres, por ejemplo, los dos eran de familias rurales, muy pobres. Había mucha miseria, especialmente en el campo. De familia numerosa, sin educación, sin sanidad, tenían que trabajar desde pequeños… Muchos familiares morían de niños porque no había atención médica. Esos muertos pertenecen al capitalismo, pero no aparecen en las listas como víctimas. Ellos vivieron de cerca lo que trajo la Revolución cubana, trajo justicia, mejoró vidas. Trajo la dignidad de las personas, después de todo. Y poder estudiar, mi madre pudo ir a la universidad porque la revolución se impuso. [«Mi madre se convirtió en médico gracias a la revolución», dice la abuela de 94 años que escucha la entrevista]. Todos esos logros han influido en nuestra generación y en las anteriores. La Revolución cubana forma parte de mi vida, no puedo separarla y estoy muy agradecido por todo lo que se ha hecho. No es sólo la historia del pasado, todavía la necesitamos para garantizar un futuro mejor, para nuestros hijos, para nuestros nietos. Esa es la revolución, mantener esa posibilidad, la posibilidad de tener un mundo mejor y más justo.





