Written by: Coyuntura Memoria

«No puedes desmentir la sangre»

Entrevista a un combatiente palestino

Por Dayron Roque Lazo


Un amigo común me presentó a Hassan[1] y me aclara que es un exprisionero político palestino. También me dice que si queremos hacer una entrevista; que no tiene mucho tiempo antes de regresar a donde vive. Acordamos la conversación. Nos ponemos de acuerdo con que hable en árabe y nuestro amigo traduzca, porque el inglés que pensábamos utilizar como lengua franca no nos va a permitir ni a él ni a mí expresar ciertas emociones que solo la lengua materna puede trasmitir. De hecho, desecharemos la guía de entrevista que antes habíamos previsto, pues la conversación transcurrió con naturalidad.


Hassan, nuestro amigo común te presenta como exprisionero político palestino. Sin embargo, antes de ser un joven prisionero político fuiste un niño, un adolescente. ¿Cómo fue la infancia de Hassan? ¿Qué le diferencia de otras infancias alrededor del mundo?

En primer lugar, la juventud, la infancia palestina es igual que cualquier infancia; sin embargo, cualquier niño palestino siempre nace en una coyuntura complicada, porque es una infancia que está bajo ocupación. Las primeras memorias que recuerdo — como parte de los niños palestinos que han crecido en aquella geografía—, es que uno abre los ojos y ve realidades chocantes: vallas, gas lacrimógeno, opresión y soldados israelíes golpeando.

Y en ese momento empezamos a hacernos una pregunta que es fundamental, que todo el mundo se hace «¿qué significa la muerte?», y también la pregunta «¿qué significa ser mártir?», porque ya comenzamos desde muy jóvenes a ver los mártires, uno tras otro. También aparece la pregunta «¿qué significa la cárcel?». En una edad muy temprana nos preguntamos «¿qué significa la cárcel?», y «¿por qué la gente va a la cárcel?», porque nosotros veíamos niños igual que nosotros, de nuestra edad, entrando a la cárcel o que se habían convertido en mártires.

En mi pueblo, en mi aldea, varios niños han caído mártires en edades muy jóvenes. Y la verdad es que los niños palestinos se enfrentan a la ocupación de manera diaria. Nosotros reconocemos la ocupación desde una edad muy temprana, porque palpamos esta realidad a través de los checkpoints que tenemos que cruzar a diario, que también encierran a las aldeas palestinas.

En ese contexto crecen los niños palestinos. Esto me afectó de forma personal muy fuerte, tuvo una afectación muy fuerte y me obligó o me dirigió a la actividad política. Es algo natural y llega al nivel del nacimiento de un deber: cuando vemos un jeep de la ocupación, comenzamos a lanzar piedras.

Todo ello desde edades muy tempranas, comenzamos a aprender cómo se tira una piedra y cuáles son las formas de enfrentar a la ocupación. Es el primer paso en el camino de la lucha por la libertad y por la liberación nacional. Y el acto en sí, tirar una piedra en sí, también es un acto, no es tan sencillo, también es peligroso. Por eso desde edades muy jóvenes la muerte siempre está cerca.

¿Hay algún episodio concreto que puedas marcar, esa toma de conciencia de que no es una niñez normal? ¿Algún episodio que te ha afectado en la forma en que has podido crear en ti la conciencia de que no es una niñez normal?

En mi infancia, en la segunda Intifada (2000–2008), la situación era muy difícil por el confinamiento y las amenazas. En 2006 la situación de la Intifada también era muy complicada, teníamos ya los encierros, los checkpoints y aumentaba la violencia de los sionistas contra los palestinos. La idea de tomar conciencia de que no éramos niños normales, infantes normales, surgió cuando ya nos hicimos un poco más maduros y vimos cómo viven los otros niños en el mundo. Nos dimos cuenta de que nuestra infancia no era natural.

¿Cómo se produce el tránsito del niño, el niño adolescente que tira piedras a un jeep, a un militante más orgánico?

Antes de ser militante orgánico, como dicen los estatutos, hay muchos espacios para la lucha de masas y eso se tradujo en mi caso en la presencia en los comités, las federaciones estudiantiles en las escuelas.

Y de la dirección de estas federaciones estudiantiles, muchos de ellos han sido mártires o han sido presos. El camino es claro,

las promesas que se les ofrecen a las personas que se unen al trabajo del Partido son claras: no hay casa, no hay automóviles, no hay vida buena. Las promesas que se les da al ser militantes de esa organización de masas, como puede ser una federación estudiantil, no es tener una vida de lujo, no es tener un carro, no es tener una casa.

El camino está muy claro: ser militante significa tener tres opciones: o ser perseguido, o ser preso o ser mártir. El camino está lleno de espinas, no de rosas. Pero hay una convicción muy clara desde muy temprano en la justicia, en que nuestra causa es una causa justa.

Por eso nosotros luchamos. Y al mismo tiempo, cuando vemos a niños como nosotros, o jóvenes más jóvenes que nosotros, que están siguiendo este camino y que están luchando. ¿Cuáles son las dos principales prácticas de un militante que se une al trabajo del Partido? Hay dos principios, dos pilares básicos para cualquier militante que se hace orgánico. Uno, tener una convicción plena en la victoria, y la otra es estar preparado para cualquier sacrificio.

Tomando en cuenta que lo que te prometen como militante, o es ser perseguido, o es ser preso o es ser mártir. ¿Cuál es el momento en que decides por esa opción y no la opción de «yo no quiero dedicarme a esto, es demasiado para mi vida, yo quiero hacer una vida normal»? ¿Cuál es la motivación para elegir una de esas condiciones?

Hay intentos, como hay intentos de que los jóvenes quieran vivir la ilusión. Pero es una ilusión falsa, también es una opción, pero no hay vida natural bajo ocupación. ¿Y las razones que te obligan a elegir? Las razones que te obligan o te hacen vivir bajo un trabajo militante, orgánico, no es necesariamente que tenga que ser un trabajo violento. Puede ser un trabajo político, un trabajo de masas, pero incluso ese trabajo es un trabajo que también es perseguido.

¿Es una convicción que se hace día tras día, no se hace desde el primer momento? Sí, es una convicción que se forma o se forja a través de las experiencias propias de nosotros, de nosotros como niños, la necesidad de organizar algo más concreto, más orgánico, más sólido para enfrentar la ocupación. Y perseguir la liberación nacional y vivir dignamente.

Nuestro amigo te presentó como exprisionero político. Sin embargo, hay una narrativa sionista que trata de presentar a los prisioneros políticos desde otra condición. ¿Por qué podemos afirmar con absoluta certeza que estamos en presencia de prisioneros políticos?

Primero, hay que mencionar que el prisionero de guerra es reconocer que tú eres un Estado, como Palestina, reconocido, y que Israel es otro Estado soberano. Israel hizo una guerra contra otro Estado soberano y tuvo prisioneros.

Esos prisioneros tienen algunos derechos, sí. El término de prisionero político, que nosotros usamos como prisionero político, es para que nos dé una legalidad o legitimidad de que nosotros somos combatientes, luchadores, que estamos luchando por nuestra liberación nacional.

En el discurso político nosotros hablamos de prisioneros políticos, pero en un discurso legal, de leyes internacionales, hablamos de prisioneros de guerra para darle más ventajas al prisionero. Por otro lado, la ocupación usa el término de prisionero de amenaza a la seguridad nacional, bajo el criterio de que esos prisioneros son una amenaza a la seguridad nacional de la ocupación. Y eso construye un molde para todos los prisioneros palestinos, incluso desde poner tu opinión en las redes sociales como Facebook hasta… Ellos lo utilizan para vaciar a los prisioneros políticos de su contenido político.

Desde 1967 hay más de un millón de palestinos que pasaron por la cárcel. En general, el número de prisioneros está entre 6000 y 7000, pero hoy, después del 6 de octubre, tenemos más de 10000. Sí, de 12000 para arriba, de los conocidos. Y todos esos prisioneros son detenidos por el simple hecho de oponerse a la ocupación.

La condición de prisionero en cualquier circunstancia no es una condición fácil. Trato de imaginar esto mucho menos en la condición de una cárcel sionista. Hay muchos libros que hablan de las condiciones de la cárcel. Por ejemplo, hay un revolucionario español, Marcos Ana, que escribió sobre eso. Deseaba que le describieran cómo era un árbol: «Decidme cómo es un árbol». Enfrentado a la condición del diario, que estás allí y estás en esa situación. ¿Cuáles son las aspiraciones humanas y las aspiraciones más grandes, más divinas?

Las aspiraciones personales se mezclan con las aspiraciones generales. El encarcelamiento, aunque lo sufres como algo personal, no es una detención personal. Los prisioneros generalmente intentan no personalizar las aspiraciones.

Las aspiraciones personales siempre se mezclan con lo general, lo particular con lo general. Porque han sido presos o privados de libertad por lo general, no por lo particular. Las aspiraciones se dividen en dos momentos, antes del 7 de octubre y después del 7 de octubre.

Antes del 7 de octubre, las aspiraciones de los compañeros de condenas perpetuas o condenas altas eran muchas veces el intento de tener hijos. Entonces, una aspiración era el «tráfico», entre comillas, de espermas, espermatozoides. Como nuestro compañero y camarada Walid Daqqa, quien sacó de contrabando sus espermatozoides, y así su esposa trajo al mundo a Milad, su hija que significa «Nacimiento».

¿Cómo hizo Gerardo, el de los Cinco? Uno de los compañeros cubanos prisioneros políticos del imperialismo, antes de salir libre y cuando tenía condena de cadena perpetua, logró también sacar su esperma para lograr ser padre, era la misma aspiración y lo logró.

Otro caso fue el de Kareem Younen, el prisionero político Kareem Younen: es el prisionero político más antiguo en la historia, en el mundo. Más de 41 años preso y cuando vio un carro, el primer carro que él vio en el año 2000, después de 20 años de cárcel, se echó a llorar.

Hay prisioneros viejos, muy viejos. Hay algunos prisioneros que están presos antes de que cayera el muro de Berlín. Ellos vivieron con generaciones tras generaciones.

Hay algunas aspiraciones que son de día a día, de vivir, pero prefiero no mencionar. La aspiración más requerida, digamos, dormíamos y nos levantábamos con el mismo sueño: era la libertad. La convicción de que la libertad está cerca, la liberación está cerca, es el hecho que nos hacía levantarnos todos los días, lavarnos la cara.

Se trata de la mayor esperanza para los prisioneros: es como un niño pequeño que nace el primer día en la cárcel y tú empiezas a criarlo, a hacerle más grande día tras día dentro de la cárcel. Y sin esperanza es imposible que puedas resistir. Pero al mismo tiempo tienes que hacer un balance entre la ilusión y la esperanza.

Después del 7 de octubre, con la venganza sionista, la aspiración más grande es un pedazo de pan o agua, un vaso de agua. O dormir sin recibir golpes o insultos. O que un perro no te muerda. O que llegues a casa, que obtengas la libertad sin ninguna discapacidad funcional, orgánica. En la cárcel de Maskubiyah hay muchos reportes de que los prisioneros tomaban agua del inodoro. Detalles interminables.

Cuando Nelson Mandela termina su largo período en la cárcel y regresa a la isla Robben, él dice no sentir rencor particular contra los carceleros. Yo no estoy de acuerdo con él, pero yo no estuve en la cárcel. Una vez que eres libre, ¿cómo ves esa relación? ¿Cómo ves los carceleros más allá de la cárcel? Esa parte humana.

El carcelero es una víctima de su propia situación. Pero el rencor nunca se va a desaparecer. Él parecía un dios dentro de la cárcel. Él decide cuándo comes, cuándo duermes, cuándo tomas.

Después del 7 de octubre de 2023, es todavía peor: él decide cuándo tú vives, cuándo mueres. Él es el responsable del sadismo que se vive en la cárcel como su máxima expresión. Algunos carceleros tratan de jugar el papel del «policía bueno».

Para mí — no puedo decir otra cosa— el rencor es el maestro de los maestros para mí, porque es el que te enseña a sobrevivir, a resistir y a estar de pie contra el carcelero. Y no es fácil deshacerte de ese sentimiento: sino que día tras día tú lo creas y lo haces más grande.

Mandela estaba viviendo en otro contexto objetivo, temporal, diferente y él estaba postulándose a presidente o ya era presidente, entonces no necesariamente es que él dijera lo que él sentía de verdad. También el contexto de lucha era diferente. En Sudáfrica se luchaba contra el blanco, en Palestina se lucha contra una fuerza ocupante. Aunque haya estado preso mucho tiempo y haya similitudes, hay una distinción en lo que son ambos casos.

¿Qué lectura haces de los acontecimientos del 7 de octubre de 2023? No tanto sobre el 7 de octubre mismo, sino del período que abre. Es decir, mi pregunta va sobre la respuesta de las resistencias palestinas a la ocupación. ¿Qué lectura haces tú? ¿Sigue siendo legítima esta concepción de la resistencia?

La propuesta y el objetivo de la violencia revolucionaria en sí o el instrumento más eficaz que hemos experimentado es la violencia armada, la violencia revolucionaria contra el ocupante para obtener nuestros derechos. Pero

si vamos a ver nuestra historia en los últimos setenta años, la violencia revolucionaria fue la respuesta más exitosa para detener la ocupación.

Y la legitimidad de cualquier partido político dentro de Palestina venía de ese instrumento: es un espacio de contrato social que firmaron los partidos políticos palestinos con la sociedad palestina. Ese pacto se ha roto en Oslo, con los acuerdos de Oslo (1993).

Pero el sentimiento se mantiene, el sentimiento popular de confianza en la eficacia de la violencia armada se mantiene. Una de esas manifestaciones es el apoyo casi absoluto del pueblo palestino a Hamas. No por ser de una ideología islámica, sino porque se presenta como una fuerza de liberación nacional que adopta la violencia revolucionaria para la liberación.

Al mismo tiempo el mundo no respeta al débil. La solidaridad con nuestro pueblo no vino de la nada, vino porque hubo resistencia y vino porque la resistencia hizo escuchar la voz palestina. El grado de solidaridad con nuestro pueblo vino de la resistencia y también del sacrificio y la sangre palestina. No hay resistencia sin sacrificio. Es una opción difícil, con un costo muy alto. No se puede olvidar la sangre de los inocentes de nuestro pueblo palestino, que son civiles inocentes.

En esas circunstancias no hay otra opción sino la lucha armada, porque el imperialismo nos obligó a matar. Pero nadie obligó al imperialismo a matar a los civiles inocentes.

Voy a seguir por ahí. Porque justo en esta última semana, en los últimos diez días, hemos visto potencias occidentales que ahora, casi ochenta años después, reconocen al Estado de Palestina. Sin la resistencia y los 65.000 muertos de los últimos dos años, ¿hubiera sido posible que el mundo occidental llegara a ese punto?

Probablemente para llegar a una posición política tenemos que pagar con la sangre de miles de mártires. Pero igual no es la posición política que nosotros queramos. Lo que pedimos hoy es boicotear a Israel, asediar a Israel, a la entidad sionista, y dejar de financiar el genocidio, porque los mismos países que reconocieron a Palestina siguen financiando el genocidio.

Hasta hoy sigue el tráfico de armas, y la cobertura política también se mantiene. Aún Israel tiene relaciones económicas con todos esos países. Pero, al mismo tiempo — desde el optimismo revolucionario—, vemos que Israel está pagando un precio también alto y cada vez está más aislado.

Nosotros esperamos llegar a la creación del Estado palestino sin pagar un precio tan alto. Pero lamentablemente el mundo no te ve hasta que estamos siendo asesinados en masa.

Correcto, eso a nivel estatal, geopolítico. A nivel popular, de la gente común, ¿cómo lograr en ambientes dominados por la retórica sionista la solidaridad mundial con la causa política

¿Cómo logramos llegar a esa posición? La verdad es que los sionistas trabajan en la oscuridad, en la oscuridad, y lo hacen detrás del escenario, pero también a través de los medios, con algunas celebridades.

Pero el 7 de octubre (de 2023) hizo que cayera esa máscara. Y a los que estaban trabajando en la sombra se les enfocó con una gran linterna. Las sociedades occidentales comenzaron a descubrir cómo el sionismo controlaba la narrativa. Comenzaron a preguntar sobre la verdad. Y no puedes desmentir la sangre. Creo que esta es la base más eficaz que se tomó para desmantelar esa narrativa.

Al mismo tiempo, el trabajo de masa para movilizar a la gente por Palestina también comenzó fuerte y se mantiene fuerte. Ahora el apoyo viene de miles y millones de personas en las sociedades occidentales. Es como si el palestino tuviera que liberar al mundo para liberarse de la ocupación sionista.

Nuestro enemigo no es solo el sionismo sino el imperialismo internacional que domina el mundo. Esta es una batalla que tenemos que luchar. Hoy hemos logrado muchas victorias y vamos a vencer.

Soy cubano y no puedo dejar de preguntarte por Cuba y la Revolución cubana. ¿Cómo llega la Revolución cubana a la resistencia palestina?

Para nosotros es muy importante acumular sobre esa experiencia y no dejarla perder. Desde niños comenzamos a conocer a Cuba a través del Che: a través, por ejemplo, del Diario del Che en Bolivia o de otro libro Nuestros sueños no conocen límites. Nosotros conocemos la Revolución cubana y de la epopeya del Granma y todo lo que vino después. Eso creo que hizo parte angular de nuestra formación: son las piedras angulares en nuestra conciencia que cimenta la esperanza de que podamos lograr nuestros sueños nacionales y la libertad como Cuba lo hizo.

Al principio de esta conversación, señalabas que, como combatiente revolucionario palestino, al integrarte a la lucha te advierten de que tienes tres opciones: ser perseguido, ser preso o ser martirizado. Probablemente en ese orden. Obviamente has sido perseguido. Obviamente has estado preso. ¿Cómo se combina la aspiración, el optimismo revolucionario de vivir y vencer con la posibilidad real de ser martirizado en cualquier momento? ¿Cómo se vive esa tensión?

Nosotros queremos vivir. La muerte no es objetivo. En una parte de la izquierda a veces el concepto del más allá no está tan presente en nuestra convicción. Pero la muerte constituye una parada, digamos, de nuestro camino.

Tenemos que vivir con el concepto de muerte: y si este es un precio que se tenga pagar, que se pague, es un honor pagarlo, es la máxima expresión del sacrificio. Es así porque hay una convicción profunda de que nuestra causa es justa. Creemos que el sacrificio hace que de una forma u otra nosotros logremos nuestros objetivos. Y que, en nuestras condiciones, en las condiciones en las que vivimos es lo natural, lo normal: estar perseguido o preso. Y mientras tú luchas, tú no estás vencido. Estás vivo o muerto. Hay un tema que se ha hablado: que es que tú luchas, luchas por tu libertad, luchas por la paz y eso reconforta.

También hablaste del optimismo revolucionario: es un concepto que el Che tiene. Nosotros podemos morir para vivir mejor. Fíjate, nosotros podemos morir para vivir mejor, pero es mejor que vivamos porque luchamos por la paz y por la vida. Pero la paz es nuestra. En nuestro concepto, en nuestros principios, la paz no es la que quieren el imperialismo y el sionismo.

Ahora sí vamos a terminar (RISAS). Soy cubano. Por lo tanto, parte de mi formación tiene que ver con escuchar mucho a Silvio Rodríguez.

No lo conozco.

Ya lo harás (RISAS). Hay un verso precioso de una de sus canciones: «te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar». ¿Cuánto de canción, cuánto de deseo de matar sientes tú como combatiente revolucionario? ¿Cómo combinas el deseo de la vida con la necesidad de la muerte?

Hay un libro que leí en la cárcel, un libro de Benedict Anderson que se llama Las comunidades imaginadas. Él trata sobre el concepto de la entidad nacional. En el libro, él mencionó algo muy precioso, algo que me pareció muy precioso, es sobre la disposición de que uno pueda morir para defender a su comunidad. O pueda ejercer masacres para defender a su comunidad y que incluso no sienta culpa por eso.

Pero nuestro contexto es también humano. Porque

nosotros luchamos por la liberación nacional e individual, por una vida digna. La violencia no es algo pintado de rosa: es una necesidad. Pero soy un activista pacífico. Después de todo esto, soy un activista pacífico.

Nota:

[1] Nombre ficticio, utilizado por seguridad.

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