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¿Es actual la Revolución? Breve diálogo con un libro de Iramís Rosique

Por Raúl Escalona Abella


Todo libro carga en su título la potencia que constituye su promesa. El texto de Iramís Rosique que comentaremos, levanta una promesa inmensa que contrasta con un cuaderno de apenas noventa y seis páginas. El volumen, publicado por la Editorial Abril el pasado año, fue merecedor del Premio Calendario de la Asociación Hermanos Saíz en la categoría de Ensayo en el 2024, y se compone de siete ensayos y una carta aparecidos en las revistas digitales La Tizza y La Jiribilla entre 2020 y 2022 que dan cuenta de la tesitura del debate político cubano sostenido en esos años.

Se abordan momentos de la confrontación política reciente, como las manifestaciones frente al Ministerio de Cultura, el 27 de noviembre de 2020; la Tángana del Parque Trillo, el 29 de noviembre; y se ensaya sobre cuestiones de la cultura política revolucionaria como el sectarismo y el dogmatismo. En apariencia, el libro se presenta desordenado, resultado del articulismo del que es producto; sin embargo, al leer con atención se reiteran algunas ideas fundamentales y valiosas que trazan líneas definidas al interior del texto.

Partamos del título: ampuloso, severo, perentorio y definitivo: «La actualidad de la Revolución». Así, sin más: ¿qué pretende este título? ¿Cómo se llega a esa afirmación tan lapidaria para ser portaestandartes de un grupo de ensayos cortos?

La nota introductoria del texto nos advierte de su alcance acotado. No estamos ante un tratado filosófico político sobre la Revolución, sino ante una agrupación de trabajos publicados para combatir tendencias, visibilizar puntos de vista y corregir algunas ideas en la convulsa esfera pública digital cubana de los últimos años.

La sentencia del título conduce a una cuestión primera: ¿por qué necesita ser actual una revolución? Y, más concretamente: ¿por qué la Revolución cubana precisa pensar su actualidad?

En 1924, Gyorgy Lukács publicaría un libro corto, pero que plantaba una disputa importante sobre el legado interpretativo de Lenin como revolucionario, como líder bolchevique y como filósofo marxista. El primer capítulo de este ensayo cobra importancia para nosotros porque su título es, precisamente, «La actualidad de la revolución».

Para Lukács, la actualidad de la revolución determina «el tono fundamental de toda una época»; porque la revolución es actual en tanto las acciones aisladas de una sociedad atraviesen su tamiz de riguroso análisis histórico-social para convertirse en acciones calificadas, acciones enjuiciadas, acciones situadas en correspondencia con su avance o retroceso, su ampliación o profundización, es decir: tras atravesar el intelectual colectivo que la revolución constituye, las acciones se vuelven revolucionarias o contrarrevolucionarias.

Como actualidad de la revolución hay, pues, que entender: el estudio de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social; su consideración como momentos de la liberación del proletariado.[1]

Para Lukács, la actualidad de la revolución es una perspectiva para pensar los problemas, una perspectiva que demanda entender la revolución como totalidad histórico-social con la potencia de descubrir el movimiento histórico desde sus análisis concretos y actuar hacia su ampliación y profundización. Por tanto, en la época de una revolución actual toda la materia social es capturada por esta, atravesada, «conquistada».

En este sentido debe leerse el manido sintagma «conquista de la Revolución», no en el de una prestación social o económica garantizada por el Estado, sino un ámbito de la vida capturado por el movimiento popular para ser pensado, debatido, valorado, evaluado, ejecutado y disfrutado por todas y todos. La revolución, en su actualidad, conquista la realidad para socializarla a la totalidad, borrando la fragmentación y la diferencia: esa es su esencial riqueza. Es así que la «salud y la educación» constituyen conquistas de la Revolución, no en su mera gratuidad, sino en la preocupación colectiva por su funcionamiento y en su disfrute.

Lukács insiste: «la vinculación íntima, evidente y cargada de consecuencias de las acciones individuales al destino global, al destino revolucionario de toda la clase obrera. Significa simplemente que todo problema actual por de pronto ya como tal problema actual se ha convertido, a la vez, en un problema fundamental de la revolución».[2]

El primer mérito que se le puede adjudicar al texto de Rosique es dejar en claro una idea prístina, que se encuentra poco abordada en el campo intelectual cubano:

la Revolución es la cuestión política e ideológica fundamental sobre la que hay que debatir en Cuba. Ante quienes pretenden hacer silencio, o tratar el tema de la Revolución como un atavismo del pasado de unos cuantos locos, Iramís Rosique decide de lleno tomar el tema y discutir su actualidad.

¿Qué Revolución? ¿Qué legado revolucionario? Aunque en el cuerpo del primer texto — del cual el libro toma nombre, no se captura con claridad por qué es actual la Revolución cubana, ni se defiende con suficiencia la tradición lukacsiana de este punto, se plantea su actualidad en el compromiso «con la emancipación de los que tanto se han sacrificado y se siguen sacrificando por ella, y con la de los que la miran esperanzados desde muchos lugares del mundo». La Revolución debe salvarse para dar esperanza y retribuir sacrificios. A lo que más adelante se agrega: «Por eso debe mantener encendida la luz de ese proyecto de liberación que — parafraseando al venezolano Ludovico Silva— ha dividido al mundo en dos, pero que acabará por unificarlo. Ese destino y no otro, ligado al de los subalternos, en Cuba y en todo el orbe, es la actualidad de la Revolución».[3]

¿Es actual por los grandes problemas que debe resolver? En este párrafo último, tal pareciera que la actualidad es un compromiso moral y no una práctica revolucionaria, como señalamos antes de la mano de Lukács. Por ello, hemos querido interrogar al libro en su conjunto:

¿cómo sabemos que la Revolución es actual? ¿Quién tiene la voz para proclamar su «actualidad»? ¿Qué significa la actualidad de una Revolución que dura ya 65 largos años, y su espiritualidad, valores, historia y líderes se formaron en un «lejano» siglo XX, en un mundo tan distinto, en una Cuba más distinta aún?

Como hemos dicho: la actualidad de la Revolución como perspectiva infiere que todo problema actual, todo problema por cotidiano que parezca, debe ser «capturado» por la racionalidad de la Revolución, por la lógica de su movimiento histórico y de su ética-política fundacional. En este sentido, «desactualizar» la Revolución es sacar porciones de la sociedad y de la vida de su racionalidad y del cono ético-político que irradia. Cualquier tecnificación, profesionalización, individualización, sectorialización o fragmentación de la totalidad histórico-social para su análisis y resolución de conflictos, si no toma en cuenta lo revolucionario o no, va en detrimento de la revolución como práctica situada en su actualidad.

Más que aclarar una respuesta en su primer texto, el libro de Rosique apuesta en su práctica a la actualidad de la Revolución cuando pretende pensar y brindar soluciones a problemas, no desde un lenguaje técnico-científico, sino desde la búsqueda de respuestas al interior de la discursividad revolucionaria.

En las formas en que el volumen se propone pensar revolucionariamente los problemas de su actualidad, se halla un primer eje: lo político.

Si bien este eje es transversal a todo el libro, hay cinco de los artículos que pueden sentirse expresamente dedicados a diseccionar inquietudes políticas: «La actualidad de la Revolución», «Revolución, Estado, Derecho: una relación política», «Por la igualdad plena: justicia social y desigualdades en Cuba», «En la sociedad civil y en la sociedad política se está a la vez» y «La orfandad de los caníbales».

La manera en que Rosique plantea el análisis de lo político en este grupo de textos va a estar definida por:

1) la búsqueda de una ampliación del lenguaje «teórico» y la profundidad analítica para abordar los conflictos políticos a los que la Revolución se enfrenta.

Un ejemplo de esto es la propuesta de explicar de una forma más compleja los acontecimientos frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020, eludiendo los argumentos del mercenarismo y del patrocinio del exterior (que pueden haber existido), pero no resultan causa suficiente para reunir a un conjunto amplio de personas. Así, califica de necesidad «urgente» para el pensamiento revolucionario actualizar las formas de comprender esta irrupción de jóvenes artistas plásticos, realizadores audiovisuales y estudiantes universitarios como expresión de una generación que desea experimentar la libertad en un sentido diferente y precisa respuestas del campo revolucionario que no sean el intervencionismo o la lógica de Seguridad Nacional.

2) la posibilidad de ampliar las formas de organización y de relación entre el entramado institucional histórico producido por la Revolución en más de seis décadas y los movimientos y agrupaciones que de forma emergente han ido enriqueciendo la sociedad civil socialista.

En este sentido, es enfático el análisis que realiza de La Comuna, una experiencia de relación entre diferentes colectivos y la Unión de Jóvenes Comunistas que se articuló a inicios de 2022.

3) el análisis de la cultura política revolucionaria, particularmente las expresiones de sectarismo y dogmatismo que en el campo político se pueden dar.

A pesar de que los textos referidos a este apartado carecen de un pertinente análisis sociológico, o al menos de datos que reflejen alguna realidad específica, el análisis teórico que realiza es valioso como posicionamiento frente a la polémica que tensa el lugar de lo revolucionario: qué lo constituye y qué lo coloca en su límite.

Estos elementos de lo político se van a complementar por la segunda obsesión presente en el libro: la perspectiva epistemológica crítica.

El tema va a ser desarrollado en: «Impugnación y disputa en el socialismo cubano» y «Cuando la reacción tiene público: malestar antiestatal y deseo capitalista en Cuba».

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Estos dos ensayos proponen una perspectiva de análisis de los problemas económicos y políticos que, en sí mismos, constituyen expresión de esa perspectiva epistemológica crítica que ambos pretenden explicar. El esclarecimiento sobre el fetichismo en el capitalismo y las posibilidades de su superación en el socialismo cubano, y el modo en que esta contradicción se plantea para Rosique, constituye el tópico del primero de los textos. En el segundo, plantea la problemática de cómo en Cuba el malestar antiestatal se relaciona con el deseo de consumo que propician las sociedades capitalistas. Contrario al antiestatalismo que han desarrollado los movimientos de resistencia anticapitalistas contemporáneos, Rosique identifica que en Cuba el deseo capitalista ve al Estado socialista como el enemigo de su potencial expansión. Ello permite enriquecer la explicación de las protestas del 11 de julio de 2021 como antiestatales.

Hemos realizado una distinción que en el cuerpo del texto no es esquemática: todos son textos políticos realizados desde una perspectiva crítica. No obstante, uno de los ensayos queda situado en un lugar extraño del libro: «Tras las huellas del Mesías». Este propone una exploración teológico-política sobre la figura de Fidel Castro y su relevancia para el campo revolucionario, porta mucho de confesión personal del autor y de exploración de su propia espiritualidad revolucionaria y de análisis de sus propias convicciones. Su conexión con Fidel, las formas en que esa fascinación con el líder es vivida y el elemento religioso que circunda la idea del líder, del profeta, de la Patria, forman la sustancia del corto ensayo.

El libro en su conjunto inspira varias polémicas, me referiré solo a una, que me resultó llamativa y contradictoria con la propia voluntad de pensar la Revolución en su actualidad. En el último ensayo «Cuando la reacción tiene público: malestar antiestatal y deseo capitalista en Cuba», Rosique defiende una idea interesante que denomina «el problema de los deslindes», cuestión que, dice, contribuye al avance del deseo anticapitalista por encima de la alternativa revolucionaria. Así lo describe:

En Cuba hay un esfuerzo marcado por casi todos los actores de la contrarrevolución por confundir y convertir en una misma cosa la Revolución, el socialismo, el Estado, el gobierno, el Partido y los dirigentes. Pero, la contrarrevolución no está sola en ese nefasto juego discursivo. El discurso burocrático contribuye a reforzar esa confusión y a impedir cualquier deslinde: reproduce y refuerza la percepción de unidad de lo mencionado, con lo cual liga el destino de todos los elementos al destino de los otros.[4]

Señala aquí la cuestión de la unidad de los actores como confusión y como posibilidad de crítica.

Más adelante agrega:

Si la Revolución o el socialismo son idénticos a tal modo de funcionamiento del Estado, o a tal política de gobierno, o a tal dirigente, entonces el desprecio por uno de esos elementos, por ejemplo, un mal dirigente o una política impopular, se amplía al resto. Por eso, atar el destino de la Patria, la Revolución o el socialismo a políticas de gobierno específicas, a modos de ejercer el poder, a problemas de la sociedad conocidos por todos, o a dirigentes individuales es un juego oportunista con fines estratégicos por parte de la contrarrevolución, pero por parte del propio Estado — o de determinadas zonas de él— es directamente una irresponsabilidad.[5]

La actualidad de la revolución como hemos visto con Lukács implica a la unidad del movimiento revolucionario y su «captura» de la estructura del Estado, a las «organizaciones de la sociedad civil», al espacio doméstico, a la estética personal. La revolución se convierte en un dispositivo tan feroz que se sitúa en el cuerpo, en la moral individual, y toda la vida social adquiere un carácter ético definitivo.[6] El problema no sería la unidad que es la actualidad de la Revolución, es decir, la captura por esta de toda la actividad social—, sino la sustancia de esa unidad.

El monolitismo, problema que señala a continuación: «la ausencia o invisibilidad de alternativas a lo existente dentro del campo de la Revolución», se convierte en un freno para el desarrollo de las fuerzas políticas revolucionarias, y este freno nos hace desear la fragmentación de la Revolución, que las fuerzas actúen por su cuenta, que se pronuncien los deslindes, que el Gobierno sea Gobierno, que la Asamblea sea Asamblea, que el Partido sea Partido. Sin embargo, esa fragmentación puede traer el retraimiento de la Revolución porque las lógicas de los poderes fragmentados conducirían al acorralamiento del Poder revolucionario.

En el ensayo citado, Lukács desarrolla la idea del enfrentamiento ineludible entre la realpolitik revolucionaria y la política oportunista. Pero su solución no es fragmentar la revolución en sus «deslindes», sino asumir la contradicción y luchar por el triunfo de la política revolucionaria: la revolución solo triunfa en su conquista sucesiva de la realidad.

Lo valioso es que Iramís Rosique identifica un problema difícil de superar: ¿cómo gestionar la forma de totalidad sin que triunfe la política oportunista que la usa como escudo de encubrimiento de sus propias deficiencias? Si fragmentamos, las lógicas sectoriales se alejan de la lógica de la Revolución; pero la totalidad ha producido cierto despotismo que ha servido para acallar lo nuevo y debilitar las posibilidades hegemónicas de las organizaciones y la ideología misma de la Revolución.

Iramís Rosique es un pensador marginal, y este texto lo demuestra cabalmente. Se aleja de la retórica oficial, del lenguaje mortecino de la burocracia instituida y, en su búsqueda de la Revolución en su actualidad que es una búsqueda personal e íntima para seguir fundamentando su propio actuar—, encuentra las urgencias del pensamiento político como ideas exteriores al poder revolucionario instituido. Si bien los ensayos y la carta se sitúan en la lógica de la Revolución para pensar su actualidad, siguen siendo un pensamiento de los márgenes. Más que de la actualidad real de la Revolución habla de la actualidad necesaria, que, en potencia histórica, la Revolución debe tener para seguir siendo.

¿Es, por tanto, actual la Revolución cubana? ¿Pasa por su racionalidad ético-política toda su actividad política concreta? A raíz del texto podemos estar convencidos de que la actualidad no estaría entonces en alinearse contra un conjunto de problemas que son continuos, más antiguos que la Revolución misma, sino en asumir estos problemas en su más riguroso análisis y contradicción, producir dispositivos nuevos, pensar desde otro lugar, actuar desde la crítica para resolver dichos problemas y sortear los inmensos obstáculos. En ese camino se encuentra este pequeño libro, que abre una brecha hacia la reflexión otra sobre la obra inmensa de la Revolución.

Notas:

[1] Lukács, G. (2002): Lenin, la coherencia de su pensamiento. (Libro electrónico).

[2] Ídem.

[3] Rosique, I. (2024): La actualidad de la Revolución. Editorial Abril. Cuba: La Habana.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] Vitier, C. (2021). Ese sol del mundo moral. Ediciones Bachiller. Cuba: La Habana.

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Etiquetas: , , , , , , Last modified: 19 agosto, 2025