De la nueva escala salarial al año de los Diez Millones

De la serie Relatos de tabaquería

Por Jesús Serrano González


Jesús Serrano González nos ha hecho llegar sus memorias sobre la historia e idiosincrasia del sector obrero al que perteneció a lo largo de su vida. Se trata de un grupo de textos que reflejan la tradición oral de los tabaqueros, fuente de los conocimientos, experiencias y anécdotas aquí relatadas. Nuestra contribución ha consistido en seleccionar las partes mejor logradas, integrarlas donde fuera posible y ajustar su presentación formal. El lector podrá acercarse a los valores, la identidad y las luchas de un sector que ha expresado con fuerza la historia de un país.

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Debido a que la marca La Corona pertenecía a un Trust norteamericano, los tabacos que se hacían con ese nombre en la fábrica homónima no se podían exportar, así que, para aprovechar el edificio, que era el más idóneo de todas las fábricas, se tomó la decisión de ubicar ahí las producciones de La Rañaga y José Gener.

Vinieron tiempos de cambio en las formas de retribución. Los trabajadores protestaron cuando se informó que el pago iba a ser quincenal en lugar de semanal, como había sido siempre. En el país se congelaron todos los salarios, es decir, que no podía haber aumentos, porque se iba a implantar una nueva escala salarial y normas de producción en todos los oficios. En nuestro sector se escogió a Partagás como planta piloto para introducir los nuevos métodos. Algunos de sus obreros se trasladaron a otras fábricas para mantener sus ingresos, pero luego se extendió a todas las entidades el nuevo sistema de pago. Ya el salario no sería a destajo o por tarifa, sino de acuerdo a una norma de producción, a la que correspondía una determinada escala.

Se establecieron tres escalas salariales: 9na., 8va., y 7ma., según normas de producción que determinaban la menor o mayor calidad del tabaco. Pero existían trabajadores que ganaban más que la nueva escala, así que se estableció el llamado Plus Histórico. Por ejemplo, si el salario de la nueva escala salarial era de 110 pesos, y el salario histórico promedio del trabajador era de 300 pesos, al obrero se le pagaría de la siguiente forma: Salario escala 110.00 pesos + Plus 190. 00 pesos = 300.00 pesos, de modo que no se viera afectado en sus ingresos.

Este salario se respetaba mientras el obrero se mantuviera en ese puesto de trabajo o la empresa lo moviera para cualquier otra función. Si el cambio de labor y lugar era por decisión propia, el obrero perdía su plus histórico.[1]

En el año 1967 la Empresa Consolidada del Tabaco Torcido cambió su nombre por el de Cuba Tabaco, aunque sus funciones siguieron siendo las mismas. En el reparto El Laguito se fundó una fábrica que adoptó el nombre de la localidad. Ahí nació la marca que hoy tiene más renombre: Cohíba.

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Se habilitaron comedores obreros en las fábricas. Todos los departamentos de despalillo de hojas para tripas fueron unificados en una misma instalación de La Habana Vieja. Este oficio tradicionalmente lo ejercían mujeres. Para los tabaqueros fue un gran dolor separarse de ellas, porque, a través de la historia, las despalilladoras los habían apoyado en sus luchas, y viceversa.

Para dirigir una asamblea en una tabaquería había que estar preparado. Cuando, en diciembre de 1967, se les propuso a los trabajadores mover las vacaciones de fin de año para enero, los tabaqueros se opusieron. Plantearon que, desde la época de los dueños, siempre pasaban el fin de año con sus familiares y que la mayoría eran trabajadores del interior del país. Tuvieron que mantenerlas en diciembre.

Muchos trabajadores quedaron excedentes debido a la llamada Lucha contra el Burocratismo. Entre ellos había bancarios, cobradores del pasaje e inspectores de los ómnibus urbanos, trabajadores de la empresa eléctrica, cobradores de seguro, etcétera. Les propusieron reubicarlos en otros trabajos, con el mismo salario que devengaban, y dentro de las ofertas estuvo aprender los distintos oficios de las tabaquerías. A través de la Federación de Mujeres Cubanas también se captó a muchachas muy jóvenes, entre ellas algunas que ejercían la prostitución.

A todos y todas los que se incorporaron al sector, los trabajadores de las fábricas de tabaco, siempre fieles a su clase y sus tradiciones, los recibieron con respeto y afecto.

La muerte del Che, el trabajo voluntario y un nuevo tipo de organización obrera

Cuando llegó la triste noticia de la muerte del Guerrillero Heroico, se convocó a una jornada de trabajo voluntario de veinticuatro horas en todos los centros de trabajo. La Corona tuvo la iniciativa de otorgar grados militares simbólicos de cabo, sargento, teniente, etcétera, de acuerdo a la producción realizada. Los sábados se trabajaba hasta las doce y el domingo media jornada en el horario de la mañana. El fin de año se celebró con trabajo voluntario, llenando bolsitas de café.

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El sindicato dio paso al Movimiento de Avanzada, al que solo se podía pertenecer si se cumplía con la disciplina laboral y la norma de producción y si se hacía guardia y trabajo voluntario en la fábrica y la agricultura. En asambleas se informaban los obreros cumplidores y se les entregaba un diploma que los acreditaba como Trabajadores de Avanzada. A los centros de trabajo más destacados en este movimiento se les otorgaba la condición de Centro de Tradición Heroica «Héroes del Moncada». Se colocaba una pequeña lámina con esa inscripción en la fachada del centro, cerca de la puerta de entrada, para que los méritos alcanzados fuesen de dominio público. Luego vinieron otros beneficios. La Ley 270 de Seguridad Social concedió como estímulo que si los trabajadores de un centro Moncadista se enfermaban o se jubilaban podían acceder a una pensión del 100 % de su salario. Si el trabajador laboraba en el centro Moncadista y no era de Avanzada, también recibía el beneficio, mientras que a los trabajadores de Avanzada de centros no Moncadistas se les aplicaba la ley convencional. Por ese motivo, más el alto costo financiero de la medida, hubo que hacer asambleas para convencer a los trabajadores de retirar esa forma de estimulación. La primera de estas asambleas, que se realizaron en todo el país, tuvo lugar en una fábrica de tabaco –La Corona– con la presencia de Fidel.

El año de los Diez Millones

Pocos trabajadores se quedaron laborando en las fábricas ese año. La mayoría fueron movilizados hacia la agricultura, unos para la cosecha del tabaco y otros para la zafra. Los obreros de las fábricas de La Habana estuvieron repartidos en la vía que conduce de San Antonio de los Baños a Güira de Melena, a la que los pobladores viejos llaman la carretera del Tumbadero. Por esa zona trabajé en la incrustación de los postes que soportan las telas de mosquitero de las vegas de tabaco tapado. Me tocó de pareja un fornido obrero. Yo echaba agua en los huecos y él encajaba los postes con tanta facilidad que se ganó el apodo innombrable de una bestia de carga por parte de los siempre jocosos compañeros tabaqueros.

Al regreso de la movilización, cuando nos incorporamos a las fábricas, sucedió lo del secuestro de los 11 pescadores de Caibarién por la organización terrorista Alpha 66, vinculada con la CIA.[2] Durante varios días participamos en grandes movilizaciones frente a la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana para exigir su liberación.

Hasta que fueron rescatados.

Notas:

[1] Esto obedecía al propósito de homogeneizar los sistemas de pago y reducir los altos niveles de circulante, pero retirando los altos salarios de manera gradual, en una evolución natural, y no de forma radical. Este sistema es ampliamente fundamentado por el Che en sus intervenciones. (Nota de la edición).

[2] Véase http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/07/17/apuntes-del-dia-en-que-se-anuncio-que-no-se-harian-los-10-millones/


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